Sevilla Bizarra (vol. 2)
Después del vol. 1, como ya amenacé, viene el 2. Esta vez, cuatro bares: sitios originales, raros, donde vivir noches especiales e inesperadas.
* Antigüedades
Situado en pleno barrio Santa Cruz, conserva los muebles antiguos de la casa que ocupa (de ahí el nombre) y sobre ellos han montado una decoración entre teatral y tenebrosa a base de maniquíes, momias y arañas. Lleva mucho tiempo abierto y es un clásico que se caracteriza por un ambiente “pijo bohemio” en el que ahora se mezclan guiris y personajes de todo tipo. Dice Issabele que está en decadencia, pero sigue siendo un lugar cuanto menos original.
Otro local que aprovecha una antigua casa con patio interior, regentado por un señor austriaco bastante curioso (y una mujer japonesa que le ayuda en la barra). Ambiente bohemio, pero más “underground”, e impredecible: lo mismo está cerrado un viernes que está llenísimo entre semana, puede ser un sitio tranquilo y cálido en el que tomar una infusión o una abarrotada fiesta con músicos tocando entre la gente y mucho alcohol (la que se lió este San Patricio fue gorda). Suele albergar exposiciones, música agradable y jarras de un vino caliente que sienta genial en invierno.
Y otro local con japonesa tras la barra, y aún más “underground”. Tanto que desde fuera se confundiría con un portal de viviendas, si no fuera por los carteles de actividades y conciertos que tienen pegados. Al fondo del local hay un tablao flamenco en el que, además de flamenco, se toca a veces rock ‘n’ roll del bueno (es feudo de superminoritarios grupos locales de garage, surf y demás). La decoración es indescriptible: paredes repletas de mantones de manila, cuadros de geishas, muñecas recortables, pollos de goma y otros dos mil objetos dispares. Todo de un cutre que no sabría decir si se parece más a un “bar de viejos” o a una casa okupa. Maravilloso.
* Garlochí
Agárrate, que este es aún más extraño: un bar cofrade de ambiente. Sí, eso es, un sitio donde se venera la imaginería de la Semana Santa y a la vez la clientela gay es superbienvenida. La única foto que he encontrado en internet es la de este guiri que se quedó patidifuso. Y no es para menos: entre lo altares se mezclan vírgenes con Madonna, Eugenia Martínez de Irujo con mantilla, niños seises y crucifijos. Todo barroquísimo, y con sevillanas o rumbas de fondo. El cóctel estrella se llama Sangre de Cristo, lleva granadina con champán y varios tipos de alcohol duro y entra peligrosamente bien (vamos, que hay mucho peligro de acabar entonado). Por cierto, garlochí es una palabra caló que significa corazón, conocida por una canción de letra genial que popularizó Isabel Pantoja. No sé qué más se le puede pedir a un bar para flipar con él.
Si me dices más sitios bizarros, habrá próximos volúmenes…